¿Cuántas veces somos capaces de ver cosas en
nuestras organizaciones y no hacemos nada?, ¿Cuántas veces nos damos cuenta de
ciertas intenciones en reuniones y no decimos nada?, ¿Cuántas veces nos
guardamos una buena conversación con nuestro jefe por temor a quedar mal
parados?, ¿Cuántas veces llagamos a mentir para quedar bien con nuestros
pares?,... en fin, ¿Cuántas veces?: demasiadas, diría yo.
Lo que hay detrás de no enfrentar estas situaciones es temor a alguna pérdida: amistad, confianza, comodidad, buena onda, amor, etc. Creemos que por el hecho de poner en evidencia los problemas o lo que nos molesta nos llevaremos solo un mal rato y no obtendremos ningún beneficio. Y no estamos dispuestos a eso... para eso están los otros que nos crean malos ratos a cada rato. Los que se atreven son valientes y capaces de arriesgarse.
Atreverse y Morir
Veo esto a cada rato y muy pocos que se
atreven a intervenir... poner en evidencia los problemas genera tensión y no
todos están dispuestos a soportarla ni menos generarla. Es válida entonces la pregunta: ¿Si no se
ponen en evidencia los problemas, como se solucionarán?, ¿si no lo hacemos
nosotros, quienes?... aunque las respuestas parecieran obvias, no lo son
tanto. La mayoría de nosotros, dentro de
nuestro estado de comodidad, vivimos con la esperanza que nuestros problemas y
nuestras abstracciones serán también las de otros y preferimos que otros hagan
el trabajo por nosotros... lo que no somos capaces de darnos cuenta es que ¡ellos
piensan lo mismo! Entonces, la
probabilidad que no pase nada, es alta.
Por lo tanto, para solucionar los problemas, debemos atrevernos, ante
todo, a ponernos en evidencia, aunque nos duela liderar enfrentar a las personas.
Timing
Ayer en una reunión de grupo, mientras discutíamos un tema en particular, observaba la dinámica que se estaba dando y me preguntaba, ¿para donde van?, ¿de que estamos hablando realmente? En un momento me di cuenta que habían intervenciones sobre intervenciones, algunas muy buenas, otras no tanto, pero al fin de cuentas ¡todas se perdían!, no se estaban escuchando y la productividad de la conversación era nula. Entonces dije "¿se están escuchando realmente?"... silencio... "no", se atrevió a responderme el más osado. Entonces concluyo: no se trata de intervenir a secas, cada intervención debe tener su tiempo, esperar a que el problema madure y ponerla sobre la mesa cuando se haya generado la suficiente atención... puro timing.
Queda demostrado, nuevamente, que atreverse es clave en el ejercicio de liderazgo, pero no es suficiente hacerlo de manera desordenada y sin escuchar el sistema. Se deben manejar los tiempos, esperar que el problema madure, lograr la atención, en fin... cada intervención es parte de una estrategia.




Atreverse a escuchar
Patricio,
Es muy cierto lo que dices. Además, me da la impresión que la gente hasta por "lata", prefiere no intervenir con tal de mantener el Status Quo.
Ahora, el aprender a escuchar, es quizás aun más difícil que atreverse a poner el tema sobre la mesa . Como decías, muchas veces se interviene, pero no se escucha, que a la larga, creo que es peor que intervenir, porque a la larga, se genera puro ruido.
¿Cómo aprender a escuchar si nunca nos han ensañado a aquello?